Es 1949, y el anciano Lloyd Wilkinson Petrie, uno de los últimos siete antiguos alumnos de la Temple Academy —una escuela de chicos cerrada desde hace décadas—, se dispone a escribir unas memorias de sus años en aquella institución aristocrática. Concebida como un diario, su redacción entremezcla las constantes distracciones del presente con los vaivenes de una memoria cada vez más inestable, que aun así le permite evocar el sutil antisemitismo que marcaba la vida de la escuela y la fascinación que sentía por la herencia de su propia familia.
Entre recuerdos vacilantes emerge la figura de Ben-Zion Elefantin, un compañero de internado enigmático y solitario, que afirmaba descender de la isla egipcia de Elefantina y que confió a Petrie un asombroso testimonio sobre un linaje olvidado, desterrado de la historia oficial. Un relato que resonaba de manera inquietante con el legado del padre de Petrie: una colección de dudosas antigu¨edades traídas de un misterioso viaje a Egipto.
De este planteamiento surge una de las narraciones más singulares de Cynthia Ozick, en la que, con su voz distintiva, se entrelazan mito y manía, historia e ilusión. Una reflexión profunda y delicada sobre la soledad, la fragilidad del recuerdo y los laberintos de la memoria.